Despues de darle tantas vueltas como hizo, había optado por el camino más difícil, y es que asi era ella, y a decir verdad a estas alturas ya no iba a cambiar. Se levantó sonriendo, como nunca antes lo había hecho. Se miró al espejo y aun sin una gota de maquillaje en el rostro se sintió más guapa que nunca. Se duchó con el reproductor de música puesto y las quejas de una vecina que se lamentaba por tener que oir la música tan alta. Se calzó con los zapatos más bonitos que encontró y se puso ese vestido que tanto le había gustado en otras épocas. Si, ese de tantos lunares y que dejaba la espalda al descubierto para que el sol, hiciera de las suyas y le dorara un poquito la espalda. El pelo lo dejo bailando a su libre albedrío, con esos rizos tan peculiares. Y sus andares, eran más ágiles y marineros que de costumbre. Llevaba una sonrisa tatuada. La alegría de sentirse libre. Varios geranios que había comprado en el mercado más cercano, y la absoluta certeza de que desde entonces, nada ni nadie la lastimaría una vez más.
Y así era ella, tan peculiar


